No hay cosa que más le satisfaga que tenerle entre su boca, era como un dulce caramelo que ella adoraba saborear de punta a punta, sin dejar un sólo rincón por explorar.
Juguetea entre sus piernas y rebusca curiosa e impaciente entre sus ropas, hasta que lo encuentra ahí, erguido, tieso, deseoso de salir. Se arrodilla ante el dejando su pene en libertad, que salta en un movimiento ansioso, sin resistir sus caricias y poco a poco va aumentando de en tamaño y grosor. Su cálida y suave lengua le estudia. Lametones cortos, suaves y babosos recorren su glande, la corona de su miembro y todos los pliegues y recovecos de las venas color violeta que se le marcan por todo el tronco, haciéndole jadear y suplicándole que no se detenga. Desea que la devore, que la chupe, que la lama, desea clavar sus manos en la nuca mientras le separa su larga melena a un lado y así marcar un ritmo cada vez más frenético.
Después de unos minutos, se eleva con toda su brillantez, tan mojada y prominente, que se hace más apetecible todavía. Ella le mira, invitándole a su sexo, así que no la hace esperar, el también lo desea. Saca su lengua húmeda y empieza a lamerla poco a poco, abajo arriba, de arriba abajo, mete su boca entera y juguetea con su lengua más y más, oye cómo se agita su respiración. Recorre el contorno de su sexo, para deleitarse antes con su esencia y después besarlo. Un beso largo que la excitación no tardó en convertir en una lucha feroz y un deseo indomable de su lengua para adentrarse en su interior. Y lo hizo, de manera contundente.El sabor inundó su boca, que se deshacía en su coño mordisqueando su clítoris tan excitado. La lengua revoltosa salía de dentro, para lamer luego el centro del deseo, y entonces sus dedos ocupaban su sitio. La masturbaba introduciendo dos dedos de forma arqueada que se movían expertos dentro de ella a la vez que su clítoris era cubierto por sus labios.
Su boca va más rápido, gira la cabeza una y otra vez, su coño tiembla, a veces también lo muerde, tomándolo entre los dientes con suavidad, no puede evitarlo, necesita más de ella, le da un lametón de arriba a abajo y se desnuda de cintura para arriba, observando cómo los pechos de la chica se hinchaban. Acerca su sexo a ellos, frotándose, rozando su polla en el medio y medio de aquellos pechos firmes, de piel suave, parándose en los pezones ya erectos por tanto deseo y placer acumulado. Acerca su boca a ellos con los labios ligeramente entreabiertos trazando círculos alrededor la rosada aureola, acariciándola a la vez con la yema de los dedos.
Antes de que llegue al clímax, su boca se abre de nuevo para recibir su pene que vuelve a estar a su mercé. Como una loca desesperada, le succiona, una y otra vez, siente como vibra, y un cálido y dulce manantial brota hacia su boca, entonces se aleja, y acerca sus pechos, para que se los empapen sus fluidos, mientras ella se acaricia y tanta humedad se desliza por sus muslos..







