En el ascensor casi nos rompemos la ropa. El acariciando mis pechos con las manos metidas en el interior de mi camiseta, notando como a cada roce subía la temperatura, mientras succionaba el cuello con la lengua. Yo rozándome en su pantalón, donde ya notaba su gran erección. Se abre la puerta del ascensor, nos dirigimos a la puerta del piso y con dificultad introduce la llave en el cerrojo tratando de abrir la puerta.
Todavía no se había cerrado del todo cuando al otro lado de la puerta el ya tenía los pantalones en los tobillos y yo todo el pecho al descubierto. Apartando mi corta melena hacia un lado vi en el esa mirada inconfundible de querer sentir mi aliento allí. Y así, arrodillada en el pasillo, le ofrezco las primeras caricias de mi lengua desde la base de su pene hasta llegar arriba coronándolo con los labios, describiendo círculos perfectos alrededor de su glande, mientras no dejaba de mover la mano acompasada arriba y abajo.. Su excitación era tal, que si aquello continuaba, poco podría hacer por evitar descargar todos sus fluidos en mí, y así, con su mano en mi barbilla me indicó que parara, me dio un beso, y me cogió de la mano para llevarme al sofá, ese sofá testigo de todos nuestros momentos de placer.
Mi sexo se derretía por momentos, y más cuando recordé que en la nevera guardaba una pequeña tarrina de mousse de chocolate. Me levanto dispuesta a ir a cogerla, el se desnuda por completo y se acomoda en el sofá.
Sonríe con picardía al verme entrar en el salón, el sentado en sofá, y yo me amoldo entre sus piernas. En una de las manos tenía el frasquito con mousse mientras que con la otra acariciaba su pecho bajando hasta llegar de nuevo a ese erguido miembro que reclamaba mi boca; lo sostengo en mi mano, y comienzo a introducir solo la punta en la tarrina, untándola bien para luego lamer cada gota de aquel exquisito chocolate que se derretía cada vez más rápido al contacto con su piel caliente y su ardiente miembro ¡Qué rico! Era una sensación indescriptible, si ya de por sí, es algo que me apasiona, aquello me estaba haciendo perder los papeles.
Sólo dejé de jugar para decirle- "Tranquilo, quiero sentir toda la savia que brota de tus entrañas para deslizarse resbalando por mi pecho, más tarde habrá más". Así llegó al orgasmo, conteniendo un grito mientras rebosaba ese cálido y fervoroso elixir sobre mí.
Cuando terminó, le besé, con la boca aún húmeda y caliente…

4 comentarios:
Buena mezcla... con mouse de chocolate... me ha gustado mucho neni
Mousse... Yogurt... que más da si lo que importa es el momento y el erotísmo que lo produce... me ha gustado mucho... ;)
Todavía en mi retina.... siempre en mis pensamientos..........
"Sexo: lo que sucede en diez minutos y que excede a todo el vocabulario de Shakespeare". Robert Louis Stevenson.
uaaauu, que buena historia, jajaja. Muy buena escritora. Beso.
Jajaja, poeta, yogur se me hacía feo, aunque erótico ya sabes que si es..
Un beso.
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