Lo cierto es que las miradas lo dicen casi siempre todo, en ellas puede verse el deseo, la atracción y las ganas, sin la necesidad de decirlo.
Se fueron rápidamente de aquel lugar repleto de gente, pues sus miradas ya habían ido más allá decidiendo dar paso a las palabras y a la acción, esas miradas lascivas y provocadoras habían sido el preludio de una noche llena de lujuria, placer y calor. Llegaron al lugar de destino decido por lo que sus cuerpos sugerían. Cuerpos preparados para quedar exhaustos y envueltos en el desenfreno del placer. El lugar: su habitación. Allí se encontraban, uno frente al otro, dispuestos a todo. Ninguno daba el primer paso, solo, a una mínima distancia, podían sentir la agitación de sus cuerpos. Se dispone ella a dar el primer paso, acercándose lentamente de espaldas a él, pues quería envolverlo más en el deseo que lo consumía. Y de esta manera comenzó a contonear su trasero por su miembro, moviéndose suavemente hacia un lado y hacia el otro, hacia arriba y hacia abajo, mientras ponía la cabeza encima de su hombro para que le besara el cuello, respondiendo el al instante y comenzando a llenarla de besos, a recorrerla de arriba abajo con lengüetazos suaves. Mientras tanto sus manos iban abriendo los botones de su camisa, uno a uno, con seguridad y atrevimiento. La liberó de la camisa, una camisa blanca, de tacto agradable y pudo comprobar la desnudez de sus pechos. Lo estaba deseando, pues le había susurrado al oído que no llevaba ropa interior, cuando se encontraban el aquel local entre el bullicio de gente. Se pone de cara a él y él se agacha para probar la dulzura de sus deslizantes pechos.
Me encantan -le decía- me vuelves loco. Los lamía, los mamaba, los mordía con delicadeza mientras no dejaba de manosearlos. Fue subiendo hacia arriba y empezaron a besarse en los labios. Jugueteaba ella con la punta de su lengua por la periferia de sus labios, rozándolos y empapándolos con saliva. Sus ojos se nublaban al hacerle esto, haciéndole perder los papeles, pero más aún cuando le introdujo la lengua en la boca a modo de “penetración”, tanto que estalló en la locura quitándole el resto de la ropa, lo mismo hizo ella acabándole de desnudar de forma tajante. Ahora sí, estaban ambos desnudos completamente. Se detuvieron para admirar su entera desnudez. Estaba deseando encajarme en él, en su miembro recto, erecto, firme, al igual que él. Túmbate -le dijo- voy a bañar tu miembro.
Se tumbó y lo introdujo en su cueva. Se dejó sonar un gemido de placer. Comenzó a moverse, primero lentamente, luego apresuradamente, no podía contener es sensación fascinante de tenerlo dentro de su boca y sentirlo, sentirlo cada vez más y más grande, y más duro, hasta tal punto que ya sentía que iba a llegar al clímax. No quería que acabara tan pronto, por lo que la sacó y comenzó a besarle por todo su pecho bajando de nuevo hasta su miembro. Umm!!! Que rico -le decía mientras la lamía- que dura.
Calla -le decía él- no me digas esas cosas o harás que me corra. Más motivo, pues sabía que lo estaba volviendo cada vez más y más loco. Él supo sus intenciones y le dijo: ahora serás tú la que sufras.
Se incorporó, la tumbó y le abrió de piernas metiendo la cabeza entre ellas, y entre ellas llegando a su sexo, que ya húmedo, se humedeció más y más al pasar su lengua por él. Que malo estaba siendo, pero le encantaba. El cabrón, se entretenía en su clítoris con la punta de su lengua, porque sabía que de esa manera la estaba llevando a la mayor de las locuras, le daba mordiscos en la entrepierna. Era delicioso observar la cara de placer que tenía al hacerlo. Solo el hecho de verle la cara, ella se excitaba más. Le dijo que ya no podía aguantar más, que necesitaba sentirle ya dentro para hacer que tanto placer acumulado culminase por fin.
Entonces, sentados, el debajo, la penetró y ella comenzó a moverse mientras él le cogía de las caderas con sus manos, para impulsarla más. Un jadeo de placer envolvió su cuerpo, había llegado al orgasmo, al placer máximo y un temblor a modo descarga eléctrica la atravesó de arriba abajo. Él sonrió al ver su cara de satisfacción, estaba contento de haberla hecho gozar de aquella manera. Entonces le dijo: ¿Quieres probar mi sabor? Al decirle eso supo lo que quería. El se tumbó de nuevo, y ella se dirigió a su excitado miembro, se lo metió en la boca y cogiéndosela del tronco con una mano comenzó a movérsela y a chupársela con ligereza. Sigue, sigue -le decía- no pares. Podía sentir en la mano el descontrol de su miembro, se la sacó de la boca y empezó a darle toques contra sus pechos y roces en sus pezones, lo que hizo que estallase y empapase su barriga, y sus pechos con esos cálidos fluidos fruto esa noche de placer, calor y locura. Que gozo, su cara, su elixir por su cuerpo. Que plenitud tan grande.



2 comentarios:
Uffff. Me ha gustado mucho... Y las fotos GENIALES !!! Buen trabajo Nat.
Un beso.
las miradas lo dicen todo de todo.... mmm... me gustaría mirarte....
"Se ha comprobado que el celibato no es que alargue la vida, sino que hace que la vida parezca más larga".
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