jueves, 28 de abril de 2011

Déjame que te vea.


Se sienta en la cama a mi lado. Desliza la mano derecha por la cara interna de mis muslos mientras con la otra desabrocha los dos botones de la camisa que yo llevaba abrochados dejando así mis pechos al aire. Las mangas de su camisa me rozan los pezones.
Coge mi mano derecha y sin dejar de mirarme, me chupa los dedos, uno por uno, empapándolos en saliva. Me pone mi propia mano entre las piernas y dice:

 -Me gustaría ver cómo te tocas para mí hasta correrte.

Se sienta acomodándose en la butaca con una pierna cruzada sobre la otra y coge el paquete de Marlboro de la mesilla de noche llevándose un cigarrillo a la boca y aspirando el humo con tranquilidad.

Muy bien, vamos a ver cómo lo haces-dice

Empecé a acariciarme los pezones primero suavemente, luego más fuerte, estaban muy erectos. Comencé a sentir mucho pero que mucho calor. Mis muslos se abren,  rocé mi zona más caliente, estaba ardiendo y parecía que yo tenía que apagar el incendio. Sube el calor bajo mi mano, sin dejar de mirar su cara, que me ponía más mala todavía.


Tal era mi calentura, que llegó un momento en que mis manos querían explorar mis adentros. Mientras me acariciaba uno de mis dedos se coló en mi interior, y le siguió un segundo dedo; ambos se deslizaban juguetones cuando yo disfrutaba como si de tu lengua se tratara. Las sábanas estaban completamente revueltas. Solté un enorme grito de placer y noté un cálido líquido resbalar por mis piernas. Mi cuerpo se resistía a dejar de temblar, no podía dejar de gemir...Le miro y sonrío.


Me ha encantado. Me gusta mucho, esa cara de guarra que se te pone durante esos instantes, te hace más atractiva todavía-dice.
Ven, acércate- le digo…


miércoles, 20 de abril de 2011



Me encanta mirarte la cara. 


"Estás tan extraordinaria cuando te corres, dejas de ser guapa y te 
transformas en una cosa voraz, con la boca abierta casi hasta desgarrarse".



lunes, 18 de abril de 2011

Mousse de chocolate



En el ascensor casi nos rompemos la ropa. El  acariciando mis pechos con las manos metidas en el interior de mi  camiseta, notando como a cada roce subía la temperatura, mientras  succionaba el cuello con la lengua. Yo  rozándome  en su pantalón, donde ya notaba su gran erección. Se abre la puerta del ascensor, nos dirigimos a la puerta del piso y con dificultad introduce la llave en el cerrojo tratando de abrir la puerta.
Todavía no se había cerrado del todo cuando al otro lado de la puerta el ya tenía los pantalones en los tobillos y yo todo el pecho al descubierto. Apartando mi corta melena hacia un lado vi en el esa mirada inconfundible de querer sentir mi aliento allí. Y así, arrodillada en el pasillo, le ofrezco  las primeras caricias de mi lengua  desde la base de su pene hasta llegar arriba coronándolo con los labios, describiendo círculos perfectos alrededor de su glande, mientras no dejaba de mover la mano acompasada arriba y abajo.. Su  excitación era tal, que si aquello continuaba, poco podría hacer por evitar descargar  todos sus fluidos en mí, y así, con su mano en mi barbilla me indicó que parara, me dio un beso, y me cogió de la mano para llevarme al sofá, ese sofá testigo de todos nuestros momentos de placer.





Mi sexo se derretía por momentos, y más cuando recordé que en la nevera guardaba una pequeña  tarrina de  mousse de chocolate. Me levanto dispuesta a ir a cogerla, el se desnuda por completo y se acomoda en el sofá.
Sonríe con picardía al verme entrar en el salón, el sentado en sofá, y yo me amoldo entre sus piernas. En una de las manos tenía el frasquito con mousse mientras que con la otra acariciaba su pecho bajando  hasta llegar de nuevo a ese erguido miembro que reclamaba mi boca;  lo sostengo en mi mano, y comienzo a introducir solo la punta  en la tarrina, untándola bien para luego lamer cada gota de aquel exquisito chocolate que se derretía cada vez más rápido al contacto con su piel  caliente y su  ardiente miembro ¡Qué rico! Era una sensación indescriptible, si ya de por sí, es algo que me apasiona, aquello me estaba haciendo perder los papeles.
Sólo dejé de jugar  para decirle- "Tranquilo, quiero sentir toda la savia que brota de tus entrañas para deslizarse resbalando por mi pecho,  más tarde habrá más". Así llegó al orgasmo, conteniendo un grito mientras rebosaba ese cálido y fervoroso elixir sobre mí.
Cuando terminó, le besé, con la boca aún húmeda y caliente…



sábado, 9 de abril de 2011

Miradas


Lo cierto es que las miradas lo dicen casi siempre todo, en ellas puede verse el deseo, la atracción y las ganas, sin la necesidad de decirlo.

Se fueron rápidamente de aquel lugar repleto de gente, pues sus miradas ya habían ido más allá decidiendo dar paso a las palabras y a la acción, esas miradas lascivas y provocadoras habían sido el preludio de una noche llena de lujuria, placer y calor. Llegaron al lugar de destino decido por lo que sus cuerpos sugerían. Cuerpos preparados  para quedar exhaustos y envueltos en el desenfreno del placer. El lugar: su habitación. Allí se encontraban, uno frente al otro, dispuestos a todo. Ninguno daba el primer paso, solo, a una mínima distancia, podían sentir la agitación de sus cuerpos. Se dispone ella a dar el primer paso, acercándose lentamente de espaldas a él, pues quería envolverlo más en el deseo que lo consumía. Y de esta manera comenzó  a contonear su trasero por su miembro, moviéndose suavemente hacia un lado y hacia el otro, hacia arriba y hacia abajo, mientras ponía la cabeza encima de su hombro para que le besara el cuello, respondiendo el al instante y comenzando  a llenarla de besos, a recorrerla de arriba abajo con lengüetazos suaves. Mientras tanto sus manos iban abriendo los botones de su camisa, uno a uno, con seguridad y atrevimiento. La  liberó de la camisa, una camisa blanca, de tacto agradable y pudo comprobar la desnudez de sus pechos. Lo estaba deseando, pues  le había susurrado al oído que no llevaba ropa interior, cuando se encontraban el aquel local entre el bullicio de gente. Se  pone de cara a él y él se agacha para probar la dulzura de sus deslizantes  pechos.


 Me encantan -le decía- me vuelves loco. Los lamía, los mamaba, los mordía con delicadeza mientras no dejaba de manosearlos. Fue subiendo hacia arriba y empezaron a besarse en los labios. Jugueteaba ella  con la punta de su lengua por la periferia de sus labios, rozándolos y empapándolos con saliva. Sus ojos se  nublaban  al hacerle esto, haciéndole perder los papeles, pero más aún cuando le introdujo la lengua en la boca a modo de “penetración”, tanto  que estalló en la locura quitándole el resto de la ropa, lo mismo hizo ella acabándole de desnudar de forma tajante. Ahora sí, estaban ambos desnudos completamente. Se detuvieron  para admirar su entera desnudez. Estaba deseando encajarme en él,  en su miembro recto, erecto, firme, al igual que él.
 Túmbate -le dijo- voy a bañar tu miembro.

Se tumbó y lo introdujo en su cueva. Se dejó sonar un gemido de placer. Comenzó  a moverse, primero lentamente, luego apresuradamente, no podía contener es sensación fascinante de tenerlo dentro de su boca y sentirlo, sentirlo cada vez más y más grande, y más duro, hasta tal punto que ya sentía que iba a llegar al clímax. No quería que acabara  tan pronto, por lo que la sacó  y comenzó a besarle por todo su pecho bajando de nuevo hasta su miembro. Umm!!! Que rico -le decía mientras la lamía- que dura.
Calla -le decía él- no me digas esas cosas o harás que me corra. Más motivo, pues sabía que lo estaba volviendo cada vez más y más loco. Él supo sus  intenciones y le dijo: ahora serás tú la que sufras.


Se incorporó, la tumbó y le abrió de piernas metiendo la cabeza entre ellas, y entre ellas llegando a su sexo, que ya húmedo, se humedeció más y más al pasar su lengua por él. Que malo estaba siendo, pero le encantaba. El cabrón, se entretenía en su clítoris con la punta de su  lengua, porque sabía que de esa manera la estaba llevando a la mayor de las locuras, le daba mordiscos en la entrepierna. Era delicioso observar la cara de placer que tenía al hacerlo. Solo el hecho de verle la cara, ella se excitaba más. Le dijo que ya no podía aguantar más, que necesitaba sentirle ya dentro para hacer que tanto placer acumulado culminase por fin.

 Entonces, sentados, el debajo, la penetró y  ella comenzó  a moverse mientras él  le cogía de las  caderas con sus manos, para impulsarla más. Un jadeo de placer envolvió su cuerpo, había llegado al orgasmo, al placer máximo y un temblor a modo descarga eléctrica la  atravesó de arriba abajo. Él sonrió al ver su cara de satisfacción, estaba contento de haberla  hecho gozar de aquella manera.  Entonces le dijo: ¿Quieres probar mi sabor? Al decirle eso supo  lo que quería. El se tumbó de nuevo, y ella se  dirigió a su excitado miembro, se lo metió en la boca y cogiéndosela  del tronco con una mano comenzó  a movérsela y a chupársela con ligereza. Sigue, sigue -le decía- no pares. Podía sentir  en la mano el descontrol de su miembro, se la sacó  de la boca y empezó  a darle toques contra sus pechos y roces en sus pezones, lo que hizo que estallase  y empapase su barriga, y  sus pechos con esos cálidos fluidos fruto esa noche de placer, calor y locura. Que gozo, su cara, su elixir por su cuerpo. Que plenitud tan grande.


jueves, 7 de abril de 2011

Buenas noches



No te vayas nunca a la cama sin antes darme...




...un beso de buenas noches.



sábado, 2 de abril de 2011

Posesión




Estaba sentada en el sofá ojeando una revista tranquilamente, cuando de repente, el se acercó por detrás y le tapó los ojos con las manos. “Es hora de jugar”, le susurró al oído con una  voz sensual. Le dijo que no abriera los ojos y apartó las manos de ellos. Se los cubrió con un pañuelo y le hizo un nudo  para que no se le cayera. Tras asegurarse que no veía nada, hizo que se levantara y la dirigió al dormitorio donde la hizo sentarse en la cama. Le dijo que se tumbara, cogió sus manos y las llevó a los barrotes de la cama, donde sin apenas darse cuenta le colocó las esposas de pelusa rosa que ambos habían comprado juntos en el sex-shop de la  ciudad, de manera que no podía levantarse ni mover las manos, pero el morbo de la situación no puede evitar que deje escapar una pícara sonrisa hacia sus adentros mientras sentía su respiración en la oreja y en el cuello. El se coloca sobre ella, entre sus piernas para quitarle la camisa y el sujetador, mostrándole así unos pezones completamente erectos. Con sus manos le acariciaba la espalda mientras le pasaba  lengua por los pechos, los besaba, succionaba los pezones y los tocaba con delicadeza.
Continuó acariciándole el ombligo con un dedo para luego besarlo e introducir la lengua dentro de él. Su boca siguió descendiendo llegando a los pantalones, los cuáles apartó mostrando el  tanguita que levaba puesta. Lo rozó con sus dedos para luego deshacerse de él  y poder tener acceso a su sexo desnudo que esperaba un beso suyo. Acercó su boca allí pudiendo ella sentir  el calor de su aliento que hacía latir su clítoris. Con la lengua comenzó a buscarlo por un lado y por el otro hasta que llegó hasta él, que lo recibió con el primer jadeo. Con un dedo empezó a explorar la zona más cercana a la vagina,  goteaba del placer que le producía y gemía sin descanso con lo que le hacía, sintiendo como algunas veces se detenía para besar la cara interna de sus muslos, lo que le producía su sufrimiento por querer llegar a más.

Luego, el se retira, desnudándose , y se coloca cuidadosamente sobre ella a la distancia adecuada para acercarle su miembro a la boca, y ésta como gata en celo comenzó a jugar con su polla. Acerco despacio sus labios, sin apenas rozarlo, salvaje, deseosa, sin pudor, sin tabúes, saco su lengua, y comenzó a hacerle suaves círculos, con la punta de ésta, poco a poco, fue recorriéndolo, de arriba abajo, de abajo arriba, volvió a separarse, a escasos milímetros, abrió un poco su boca, y comenzó a meterse el miembro, muy  muy despacio, quería transmitirle su pasión, su celo, su excitación mientras iba metiéndola en su boca, su lengua no paraba de jugar y cada vez sentía como esta crecía más y más dentro de su cálida boca, mientras su sexo se empapaba simultáneamente. Se sentía deseosa de tenerle dentro, esa sensación de notar como su miembro se abría paso entre su apretadito coño, primero solo la punta, para acabar con penetraciones más profundas…

  • Pídemelo, le dijo el
  • Dámelo. Su voz salía entrecortada, pero era un súplica, sin embargo el necesitaba escucharlo.
  • Si no me lo pides, no te lo daré. Suplícame.
  • Por favor, fóllame, entra en mi , roza mis labios vaginales con la punta de pene, roza hasta que no pueda más, y entra, entra despacio en mi…decía ella con un tono de voz ahogada.


Dicho esto, la sostiene por las caderas para deslizarla a la posición adecuada,  y se coloca encima.
Cada penetración le producía miles de sensaciones que vivía con toda la intensidad que podía. Su pene se hinchaba cada vez más dentro de ella y sus embestidas eran cada vez más duras. Notó como su cuerpo intentaba alcanzar un orgasmo e incrementó la velocidad para que  llegara. Su cuerpo se arqueó al llegar a él y sus gemidos se pudieron oír en la habitación del lado . No paró sino que continuó esperando que  tuviera ella un segundo orgasmo en el cual entre espasmos sacó su pene esparciendo sus fluídos sobre todo su cuerpo